Leonardo Kitoff repasó en MagaLih Sports su debut y actuación en la final de "Ida" entre Cooperativa y Comercio, destacando el uso de tecnología arbitral y el sacrificio detrás de su profesión.
El fútbol siempre se cuenta desde los goles, los errores defensivos o las genialidades de los delanteros. Pocas veces las luces apuntan a quien tiene la ingrata tarea de impartir justicia. Sin embargo, en día después... luego de la final de ida de la Copa de Oro de la "Copa Centenario Unión Progresista" entre Cooperativa y Comercio, los micrófonos de MagaLih Sports se abrieron para escuchar a la máxima autoridad del encuentro: el árbitro Leonardo "Leo" Kitoff.
Con la adrenalina ya decantada, Kitoff visitó el piso de la Radio donde participó del programa "MagaLih Sports" para desmenuzar lo que dejó un partido intenso en Villa Berthet, el cual logró controlar con aplomo. Lejos de la imagen del juez hermético, el árbitro se mostró como un trabajador apasionado que, antes de vestir el uniforme negro de los domingos, cumple con su labor como empleado de planta permanente en SAMEEP y ejerce la docencia enseñando geografía y economía en un colegio de educación secundaria en la vecina localidad de San Bernardo.
"No tengo que tener un techo, tengo que seguir trabajando y seguir creciendo. Este es un trabajo que demanda perfección, y sabemos que la perfección no existe, menos en el arbitraje donde somos siempre criticados".
En un entorno donde las presiones abundan, Kitoff se refugia en el estudio del reglamento, el entrenamiento constante y el apoyo incondicional de sus colegas de la terna. Al apagarse los micrófonos del estudio, el mensaje del árbitro chaqueño dejó una clara lección sobre el sacrificio invisible del deporte. Y así, con la mirada puesta en seguir subiendo escalones, continúa trazando su propio camino, demostrando que para impartir justicia en el área, primero hay que transpirar la camiseta fuera de ella.








